domingo, 6 de enero de 2013
PALABRAS QUE CONSTRUYEN
miércoles, 19 de diciembre de 2012
CONSTRUYENDO DIQUES
LA FAMILIA, EL REMEDIO DIVINO PARA LA SOLEDAD
miércoles, 29 de julio de 2009
¿Te sientes cansado?
En la Biblia encontramos hermosos ejemplos de personas que hallaron descanso para sus almas. En el libro primero de Samuel nos encontramos con Ana, una mujer piadosa, pero que sin embargo se sentía angustiada por el hecho de no poder tener hijos. Si leemos todo el capitulo conoceremos la historia completa de esta mujer, no obstante queremos destacar algunos aspectos que nos pueden ser de utilidad.
En primer lugar observamos que Ana gozaba del favor de su esposo, él le daba lo mejor (vs. 4, 5), obviamente las cosas materiales no sirven para calmar la angustia del corazón. Luego vemos que hay algo que anima a Ana, y es la preocupación de su esposo (vs. 8), indudablemente es muy bueno sentirse apreciado y querido, eso fortaleció a Ana que decidió alimentarse. No podemos dejar de pasar el hecho de que las palabras de ánimo y aceptación hacia el otro siempre hacen bien.
Pero lo que se destaca en Ana es que canaliza toda su angustia en la única persona que podía verdaderamente consolarla: Dios. Ora con fervor, pero como dice el vs. 15 ella derramó su alma delante de Dios, es decir desahogó su pena delante del Señor. Es interesante notar que cuando concluyó la oración y su conversación con el Sacerdote Elí, la Escritura nos enseña que Ana se fue “por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (vs. 18). Podemos afirmar que luego de orar a Dios y abrir su corazón reverentemente para exponer su causa, recibió el descanso que estaba buscando.
¿Podemos ver hermanos la lección que nos deja Ana? Siempre tendremos problemas y dificultades en el devenir de nuestra vida, algunos de ellos por su complejidad o por su duración en el tiempo podrán angustiarnos, agotarnos, quitarnos las motivaciones, o hacernos sentir fracasados. Todo esto es probable, pero notemos que cuando estamos en esa situación, al igual que Ana podemos hallar en Dios descanso y fortaleza para nuestras almas. La Biblia nos declara que: “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29). Además en el Nuevo Testamento el Señor Jesús nos hace una invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28).
La oración es un medio extraordinario, Ana si pudiera seguramente nos diría: ¡oren al Señor, hallarán descanso!, es bueno recordar también lo que el apóstol Pablo nos aconseja: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6, 7)
Finalmente hay un punto que es interesante, Ana dejó su carga a los pies del Señor, recibió consuelo, pero también recibió una solución. En este caso fue la respuesta afirmativa para su ruego: Dios le dio un hijo. Él además de consolarnos, siempre nos dará una solución, dentro de sus sabios y perfectos planes; tal vez no la que nosotros pensemos que es la mas correcta, pero seguro la que será para nuestro bien (Romanos 8:28)
¿Te sientes cansado? ¿La carga es cada vez mas pesada? Sigamos el ejemplo de Ana, abramos nuestro corazón en la presencia del Dios santo, justo y amoroso, dejemos todo en sus manos y hallaremos descanso para nuestras almas.
Salmo 23
“Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me
seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
La comunión unos con otros
Sin lugar a dudas, esto es una excelente demostración de lo bien que nos hace la comunión cristiana, y de cómo aprendemos a valorar aquello que nos falta. Justamente, de todas las bendiciones que recibimos en Cristo; el ser parte de la iglesia local, es un maravilloso regalo divino.
Si miramos los comienzos de la iglesia en Jerusalén, nos damos cuenta que vivían una intensa comunión (Hechos 2:41-47 / 4:32-35). De la lectura de estos pasajes se desprende que estar en comunión no significa pertenecer a un grupo denominacional, o integrar la nómina de una iglesia local. La comunión, así como lo entendieron nuestros primeros hermanos en Jerusalén, es compartir la fe en Cristo, la alegría de la salvación, la hermandad en forma práctica y el testimonio del evangelio.
La comunión unos con otros es una bendición de Dios para los creyentes, ahora bien, ¿cómo es posible que esta bendición no se transforme en una carga como parece suceder en algunos casos?
El apóstol Pedro nos enseña al respecto: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1ª Pedro 1:22)
El amor fraternal se refiere al amor de hermanos; este amor es muy particular, porque surge del hecho de tener cosas en común: tener los mismos padres, la misma sangre, los rasgos parecidos, la misma crianza, etc. Pero Pedro agrega tres elementos que son fundamentales en esta clase de amor: debe ser sincero, debe ser entrañable, debe ser puro.
El hecho sobresaliente de que por la fe en Cristo ahora seamos hijos de Dios (Juan 1:12), nos hace pensar que debemos amar como Él amó. Por eso no es extraño que el apóstol nos dé estas tres recomendaciones, ya que así es el amor de Dios. ¿No es maravilloso que Dios nos haya amado con un amor de tal calidad? No menos puede ser el que nos prodiguemos sus hijos. (comp. 1ª Juan 4:7-12).
Vivimos un tiempo en el cual el amor se declama y no se practica, sin embargo los creyentes tenemos el ejemplo de nuestro Dios que no agota su amor en palabras, sino que lo lleva a la entrega total.
Algo nos ha llamado la atención en estas últimas semanas, y es que frente a la posibilidad de un contagio de la gripe, muchos han pensado en como preservarse ellos sin importar nada del prójimo; por eso en algunas instituciones o comercios, las personas han debido esperar ser atendidas en la calle en medio del frío intenso. Se nota que cada uno piensa en sí mismo. Es bueno recordar que los creyentes somos llamados a amarnos los unos a los otros, pero también a respetarnos y honrarnos mutuamente (Romanos 12:10)
Hermanos es bueno que extrañemos la comunión, oremos al Señor para que pronto volvamos a estar juntos en forma regular, pero pensemos que ahora podemos hacer mucho para seguir fomentando la comunión cristiana, por ejemplo: una llamada por teléfono, un mensaje de texto, un mail (para los que ingresaron al mundo del correo electrónico), o tal vez una visita, y por supuesto la oración intercesora (Santiago 5:16), pueden ser medios eficaces para seguir manteniendo el contacto.
Como un complemento a este devocional, agregamos una serie de pasajes en donde se nos habla de la comunión cristiana; así, siguiendo la enseñanza bíblica podremos cimentar la comunión unos con otros:
•(Juan 13:34) Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
•(Romanos 12:10) Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.
•(Gálatas 5:13) sino servíos por amor los unos a los otros.
•(Efesios 4:32) Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
•(Colosenses 3:9) No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
•(1ª Tesalonisenses 5:11) Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.
•(Hebreos 10:24) Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
•(Santiago 5:16) Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.
•(1ª Juan 4:7) Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
•(1ª Juan 4:11) Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
Dios nunca está ausente
Se adjudica al conocido comentarista bíblico Mathew Henry la siguiente frase: “El Dios de Israel, el Salvador, es a veces un Dios que se oculta a sí mismo, pero nunca un Dios ausente; a veces está en la oscuridad; pero nunca en la distancia”.
Cuando llegan los momentos de crisis, como los que estamos viviendo, muchas personas hacen una pregunta recurrente: ¿Dónde está Dios? Ciertamente para los creyentes es una pregunta lacerante, ya que trata de carcomer el fundamento de nuestra fe que es Dios mismo y su Palabra. Por eso es interesante el pensamiento de Mathew Henry, a Dios a veces no lo vemos actuar, sin embargo eso no significa su ausencia o desinterés, mas bien es una actitud sabia dentro de sus planes y propósitos.
Mirando la Biblia nos encontramos que en varias oportunidades Dios estuvo oculto pero no ausente. En Daniel se nos relata el comienzo de la triste esclavitud de Israel en Babilonia. Son años de oscuridad y sufrimiento, tiempo en donde no hay lugar para el canto y la alegría, pareciera que Dios se olvidó de su pueblo. Ahora bien, si leemos el libro de Daniel detenidamente, nos damos cuenta que si bien Dios parece oculto, se muestra de una manera sobresaliente a favor de sus siervos y de su pueblo.
En segundo lugar hay un episodio en la vida del Señor Jesús en donde Dios parece ausente. Si bien los evangelios nos hablan de la maravillosa comunión entre Dios Padre y Dios Hijo, en el momento cúlmine del calvario se oye la voz de Jesucristo clamando: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46) . Es tremenda la exclamación, pero no menos la respuesta: el silencio. Una vez mas Dios estaba oculto pero no ausente. Las Escrituras nos enseñan que en los propósitos de Dios, Cristo en esos momentos debía gustar la copa amarga de la ira divina sobre el pecado, acto que lo hacia a favor de cada uno de nosotros (Isaías 53:10,11 / 2ª Corintios 5:21).
En tercer lugar leemos 2ª Pedro 3:4 “¿Dónde está la promesa de su venida?”. El anciano apóstol nos advierte que en los últimos tiempos vendrán personas, tratando de socavar los cimentos de nuestra esperanza: Cristo vendrá otra vez por los suyos. Esta pregunta del vs. 4 es otra manera de decir: ¿dónde está Dios? ¿dónde está tu Dios? Sería bueno tener en cuenta los argumentos de Pedro en este caso: Nuestro Dios es poderoso y justo (vs.5-7), Nuestro Dios no está ajustado por el tiempo como los humanos (vs. 8), Nuestro Dios es paciente y misericordioso (vs. 9), Nuestro Dios cumple su palabra (vs. 10), Nuestro Dios espera fidelidad de su pueblo mientras aguarda el cumplimento de las cosas finales (vs.11-14); por último, nuestro Dios es salvador (vs. 15).
Como dijimos al principio, en este tiempo complicado que tenemos que pasar, muchos estarán preguntándose ¿dónde está Dios?, los creyentes podemos dar testimonio que aunque no lo veamos Dios está presente y que los atributos que describe Pedro en su segunda carta están plenamente vigentes, podemos confiar en Él y esperar de su mano la bendición oportuna.
Repasando, en el primer caso, vemos que Dios estaba presente para sostener y ayudar a su pueblo, en el segundo, estaba presente para cumplir el maravilloso propósito de la salvación y en tercer lugar está presente garantizando nuestra esperanza.
Es nuestra oración, que cada uno de nosotros podamos descubir la presencia de nuestro Dios en nuestra vida, alentándonos, guiándonos y fortaleciéndonos en todo momento. Que podamos darnos cuenta: “puede que parezca estar en la oscuridad, pero nunca en la distancia”.
sábado, 4 de octubre de 2008
La Palabra actúa
Justamente, el tener este maravilloso libro, la Biblia, es una bendición que no siempre solemos apreciar en su justa medida. ¿Que sería de nosotros sin ella? Es cierto que Dios tiene el poder y la autoridad para transmitirnos el mensaje de la forma que Él lo desee. Sin embargo nos ha dejado la palabra escrita, ya que es la forma mas precisa y universal de transmitir su mensaje. Este hecho lo podemos vislumbrar en la forma en que se ha difundido este sagrado libro. Miles de traducciones, aún en los dialectos menos frecuentes, revisiones y actualizaciones del idioma, infinidad de presentaciones distintas de tal manera que cualquiera pueda acceder a ella. Dios ha obrado un milagro con la difusión de su Palabra, ya que ella ha llegado a lugares insospechados aun por el más entusiasta.
Tener a la Biblia siempre presente, es de gran importancia. Miremos el ejemplo del Señor Jesús, en la hora de su tentación le recuerda a Satanás aquello que "escrito está" (Mt. 4:1-11), como una manera de afirmarse en la verdad. En medio de la controversia con los saduceos, el Señor les reprocha duramente su incredulidad diciéndoles "erráis ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mt. 22:23-33) junto al recordatorio de aquello que habían leído pero que no creían.
Justamente este es el aspecto que quisiéramos destacar por medio de estas líneas: Nuestra actitud frente a la Palabra de Dios.
Como dijimos, esta generación ha sido bendecida con una extraordinaria difusión de la Palabra de Dios, en muchos hogares cristianos hay por lo menos un ejemplar de la Biblia; la cuestión esencial es como nos acercamos a ella.
Una clave acerca de este tema nos brinda el ejemplo de nuestros hermanos en Tesalónica. Pablo defiende su ministerio entre ellos, habla de su denuedo y esfuerzo, destaca la sinceridad y el amor que lo impulsó a predicar la Palabra y el cariño que tiene por la iglesia, para finalmente destacar la actitud de los tesalonicenses: Recibieron la Palabra creyendo en ella.
Con toda seguridad, allí encontramos la gran diferencia entre los tesalonicenses y los saduceos mencionados en el evangelio de Mateo, los primeros creían a Dios, los segundos no.
La pregunta es ¿por qué no creemos en lo que Dios nos dice en su Palabra?. Tres son los factores concurrentes en este asunto. Podríamos identificarlos con los tres "por qué":
¿Por qué creerle a Dios?. Esta es la pregunta más antigua del mundo. En el Edén, Satanás introdujo en el corazón de Adán y Eva la duda acerca de la veracidad de los dichos de Dios. ¿Con que Dios os ha dicho...? Así comenzó el astuto razonamiento de la serpiente, que desembocó en el pecado de nuestros primeros padres. A lo largo de la historia de la humanidad la pregunta sigue vigente: ¿Por qué creerle a Dios acerca de lo que dicen sobre la creación del mundo? ¿Por qué creerle a Dios lo que dice acerca de las pautas morales para el ser humano? ¿Por qué creerle a Dios cuando nos llama al arrepentimiento y la fe como condición imprescindible para alcanzar la salvación?. Pensamos que este razonamiento demuestra básicamente una crisis de fe, es decir la falta de convicción y certeza en lo que Dios nos dice en la Biblia.
¿Por qué hacerlo de esta manera?. En el Antiguo Testamento encontramos la historia de un rey que pensó que podía hacer las cosas a su manera. El Rey Saúl creyó que las circunstancias lo habilitaban a tomar decisiones extremas, como por ejemplo ofrecer sacrificio, cosa que le estaba prohibido. Saúl desestimó el mandamiento de Dios e hizo como mejor le parecía, cometiendo un pecado que le ocasionó la pérdida de su reinado. Alguien podría preguntar: ¿y cuál es el problema?. El problema es la desobediencia. Dios ha dejado claros y precisos mandamientos que deben ser cumplidos, fundamentalmente por el hecho de que son el mandamiento de un Dios sabio, justo, soberano. Cuando los desobedecemos, estamos afrentando al carácter mismo de Dios. Volviendo al ejemplo de Saúl, en su segunda equivocación, aprendió que "el obedecer es mejor que los sacrificios" (1ª Sam. 15:22), ya que el cumplimiento de las ordenanzas divinas es mayor que cualquier tipo de ritual. Cuando leemos en la Biblia acerca de lo que Dios espera de nosotros y de cómo debemos hacer las cosas, Él espera una sola actitud de nuestra parte: La obediencia.
¿Por qué pasan estas cosas?. Elías es el gran profeta de Israel, ha sido protagonista de un milagro de parte de Dios; asimismo ha quitado de en medio a los sacerdotes paganos que pervertían a la nación de Israel. Dios le ha demostrado su poder de distintas maneras, sin embargo al final de unas jornadas tan intensas como emocionantes, lo vemos a Elías deprimido y angustiado (1ª Rey. 19). El profeta no entiende las cosas, esa extraña mezcla de enojo y depresión dominan su mente, aún la presencia de Dios en Horeb, es una buena oportunidad para que el profeta manifieste su enojo. En circunstancias similares nosotros también nos preguntamos ¿por qué pasan estas cosas? ¿por qué Dios actúa así? ¿por qué los planes de Dios son tan distintos a los míos? ¿por qué demora en contestar?, seguramente nuestros lectores tengan algunos otros "por qué" para agregar. Elías aprendió que Dios tenia planes bien determinados para la nación, que Acab y su esposa ya tenían las horas contadas y que aún había muchos que en medio de circunstancias adversas le habían sido fieles. Una buena manera de enfrentar las dudas, es recordar que nuestro Dios no es un improvisado. Él tiene un "anticipado conocimiento" de todas la cosas, y que sus planes no pueden ser abortados por nadie. El razonamiento de los "por qué" atenta contra una actitud que todo creyente debe mostrar en su vida: Dependencia de Dios.
Está claro que cuando nos acercamos a la Biblia, y nuestra mente está dominada por algunos de estos "por qué", lo único que estamos haciendo es acumular solamente un conocimiento intelectual. Pero cuando la actitud es como la de los tesalonicenses, la Palabra de Dios toma una dimensión totalmente diferente, esa Palabra actúa poderosamente transformando nuestra vida.
Hermanos acerquémonos a las Sagradas Escrituras, reconociendo en ese sagrado libro a la Palabra de Dios, y en un verdadero acto de fe, permitamos que actúe en nosotros.