miércoles, 29 de julio de 2009

Dios nunca está ausente

Se adjudica al conocido comentarista bíblico Mathew Henry la siguiente frase: “El Dios de Israel, el Salvador, es a veces un Dios que se oculta a sí mismo, pero nunca un Dios ausente; a veces está en la oscuridad; pero nunca en la distancia”.

Cuando llegan los momentos de crisis, como los que estamos viviendo, muchas personas hacen una pregunta recurrente: ¿Dónde está Dios? Ciertamente para los creyentes es una pregunta lacerante, ya que trata de carcomer el fundamento de nuestra fe que es Dios mismo y su Palabra. Por eso es interesante el pensamiento de Mathew Henry, a Dios a veces no lo vemos actuar, sin embargo eso no significa su ausencia o desinterés, mas bien es una actitud sabia dentro de sus planes y propósitos.

Mirando la Biblia nos encontramos que en varias oportunidades Dios estuvo oculto pero no ausente. En Daniel se nos relata el comienzo de la triste esclavitud de Israel en Babilonia. Son años de oscuridad y sufrimiento, tiempo en donde no hay lugar para el canto y la alegría, pareciera que Dios se olvidó de su pueblo. Ahora bien, si leemos el libro de Daniel detenidamente, nos damos cuenta que si bien Dios parece oculto, se muestra de una manera sobresaliente a favor de sus siervos y de su pueblo.

En segundo lugar hay un episodio en la vida del Señor Jesús en donde Dios parece ausente. Si bien los evangelios nos hablan de la maravillosa comunión entre Dios Padre y Dios Hijo, en el momento cúlmine del calvario se oye la voz de Jesucristo clamando: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46) . Es tremenda la exclamación, pero no menos la respuesta: el silencio. Una vez mas Dios estaba oculto pero no ausente. Las Escrituras nos enseñan que en los propósitos de Dios, Cristo en esos momentos debía gustar la copa amarga de la ira divina sobre el pecado, acto que lo hacia a favor de cada uno de nosotros (Isaías 53:10,11 / 2ª Corintios 5:21).

En tercer lugar leemos 2ª Pedro 3:4 ¿Dónde está la promesa de su venida?”. El anciano apóstol nos advierte que en los últimos tiempos vendrán personas, tratando de socavar los cimentos de nuestra esperanza: Cristo vendrá otra vez por los suyos. Esta pregunta del vs. 4 es otra manera de decir: ¿dónde está Dios? ¿dónde está tu Dios? Sería bueno tener en cuenta los argumentos de Pedro en este caso: Nuestro Dios es poderoso y justo (vs.5-7), Nuestro Dios no está ajustado por el tiempo como los humanos (vs. 8), Nuestro Dios es paciente y misericordioso (vs. 9), Nuestro Dios cumple su palabra (vs. 10), Nuestro Dios espera fidelidad de su pueblo mientras aguarda el cumplimento de las cosas finales (vs.11-14); por último, nuestro Dios es salvador (vs. 15).

Como dijimos al principio, en este tiempo complicado que tenemos que pasar, muchos estarán preguntándose ¿dónde está Dios?, los creyentes podemos dar testimonio que aunque no lo veamos Dios está presente y que los atributos que describe Pedro en su segunda carta están plenamente vigentes, podemos confiar en Él y esperar de su mano la bendición oportuna.

Repasando, en el primer caso, vemos que Dios estaba presente para sostener y ayudar a su pueblo, en el segundo, estaba presente para cumplir el maravilloso propósito de la salvación y en tercer lugar está presente garantizando nuestra esperanza.

Es nuestra oración, que cada uno de nosotros podamos descubir la presencia de nuestro Dios en nuestra vida, alentándonos, guiándonos y fortaleciéndonos en todo momento. Que podamos darnos cuenta: “puede que parezca estar en la oscuridad, pero nunca en la distancia”.


sábado, 4 de octubre de 2008

La Palabra actúa

Los creyentes somos enormemente bendecidos por Dios. Comenzando por el maravilloso hecho de que tenemos toda bendición espiritual en Cristo Jesús, pasando por las incomparables promesas que alientan nuestra fe, y llegando a las enseñanzas sencillas y profundas a la vez, de su Palabra.

Justamente, el tener este maravilloso libro, la Biblia, es una bendición que no siempre solemos apreciar en su justa medida. ¿Que sería de nosotros sin ella? Es cierto que Dios tiene el poder y la autoridad para transmitirnos el mensaje de la forma que Él lo desee. Sin embargo nos ha dejado la palabra escrita, ya que es la forma mas precisa y universal de transmitir su mensaje. Este hecho lo podemos vislumbrar en la forma en que se ha difundido este sagrado libro. Miles de traducciones, aún en los dialectos menos frecuentes, revisiones y actualizaciones del idioma, infinidad de presentaciones distintas de tal manera que cualquiera pueda acceder a ella. Dios ha obrado un milagro con la difusión de su Palabra, ya que ella ha llegado a lugares insospechados aun por el más entusiasta.

Tener a la Biblia siempre presente, es de gran importancia. Miremos el ejemplo del Señor Jesús, en la hora de su tentación le recuerda a Satanás aquello que "escrito está" (Mt. 4:1-11), como una manera de afirmarse en la verdad. En medio de la controversia con los saduceos, el Señor les reprocha duramente su incredulidad diciéndoles "erráis ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mt. 22:23-33) junto al recordatorio de aquello que habían leído pero que no creían.

Justamente este es el aspecto que quisiéramos destacar por medio de estas líneas: Nuestra actitud frente a la Palabra de Dios.

Como dijimos, esta generación ha sido bendecida con una extraordinaria difusión de la Palabra de Dios, en muchos hogares cristianos hay por lo menos un ejemplar de la Biblia; la cuestión esencial es como nos acercamos a ella.

Una clave acerca de este tema nos brinda el ejemplo de nuestros hermanos en Tesalónica. Pablo defiende su ministerio entre ellos, habla de su denuedo y esfuerzo, destaca la sinceridad y el amor que lo impulsó a predicar la Palabra y el cariño que tiene por la iglesia, para finalmente destacar la actitud de los tesalonicenses: Recibieron la Palabra creyendo en ella.

Con toda seguridad, allí encontramos la gran diferencia entre los tesalonicenses y los saduceos mencionados en el evangelio de Mateo, los primeros creían a Dios, los segundos no.

La pregunta es ¿por qué no creemos en lo que Dios nos dice en su Palabra?. Tres son los factores concurrentes en este asunto. Podríamos identificarlos con los tres "por qué":

¿Por qué creerle a Dios?. Esta es la pregunta más antigua del mundo. En el Edén, Satanás introdujo en el corazón de Adán y Eva la duda acerca de la veracidad de los dichos de Dios. ¿Con que Dios os ha dicho...? Así comenzó el astuto razonamiento de la serpiente, que desembocó en el pecado de nuestros primeros padres. A lo largo de la historia de la humanidad la pregunta sigue vigente: ¿Por qué creerle a Dios acerca de lo que dicen sobre la creación del mundo? ¿Por qué creerle a Dios lo que dice acerca de las pautas morales para el ser humano? ¿Por qué creerle a Dios cuando nos llama al arrepentimiento y la fe como condición imprescindible para alcanzar la salvación?. Pensamos que este razonamiento demuestra básicamente una crisis de fe, es decir la falta de convicción y certeza en lo que Dios nos dice en la Biblia.

¿Por qué hacerlo de esta manera?. En el Antiguo Testamento encontramos la historia de un rey que pensó que podía hacer las cosas a su manera. El Rey Saúl creyó que las circunstancias lo habilitaban a tomar decisiones extremas, como por ejemplo ofrecer sacrificio, cosa que le estaba prohibido. Saúl desestimó el mandamiento de Dios e hizo como mejor le parecía, cometiendo un pecado que le ocasionó la pérdida de su reinado. Alguien podría preguntar: ¿y cuál es el problema?. El problema es la desobediencia. Dios ha dejado claros y precisos mandamientos que deben ser cumplidos, fundamentalmente por el hecho de que son el mandamiento de un Dios sabio, justo, soberano. Cuando los desobedecemos, estamos afrentando al carácter mismo de Dios. Volviendo al ejemplo de Saúl, en su segunda equivocación, aprendió que "el obedecer es mejor que los sacrificios" (1ª Sam. 15:22), ya que el cumplimiento de las ordenanzas divinas es mayor que cualquier tipo de ritual. Cuando leemos en la Biblia acerca de lo que Dios espera de nosotros y de cómo debemos hacer las cosas, Él espera una sola actitud de nuestra parte: La obediencia.

¿Por qué pasan estas cosas?. Elías es el gran profeta de Israel, ha sido protagonista de un milagro de parte de Dios; asimismo ha quitado de en medio a los sacerdotes paganos que pervertían a la nación de Israel. Dios le ha demostrado su poder de distintas maneras, sin embargo al final de unas jornadas tan intensas como emocionantes, lo vemos a Elías deprimido y angustiado (1ª Rey. 19). El profeta no entiende las cosas, esa extraña mezcla de enojo y depresión dominan su mente, aún la presencia de Dios en Horeb, es una buena oportunidad para que el profeta manifieste su enojo. En circunstancias similares nosotros también nos preguntamos ¿por qué pasan estas cosas? ¿por qué Dios actúa así? ¿por qué los planes de Dios son tan distintos a los míos? ¿por qué demora en contestar?, seguramente nuestros lectores tengan algunos otros "por qué" para agregar. Elías aprendió que Dios tenia planes bien determinados para la nación, que Acab y su esposa ya tenían las horas contadas y que aún había muchos que en medio de circunstancias adversas le habían sido fieles. Una buena manera de enfrentar las dudas, es recordar que nuestro Dios no es un improvisado. Él tiene un "anticipado conocimiento" de todas la cosas, y que sus planes no pueden ser abortados por nadie. El razonamiento de los "por qué" atenta contra una actitud que todo creyente debe mostrar en su vida: Dependencia de Dios.

Está claro que cuando nos acercamos a la Biblia, y nuestra mente está dominada por algunos de estos "por qué", lo único que estamos haciendo es acumular solamente un conocimiento intelectual. Pero cuando la actitud es como la de los tesalonicenses, la Palabra de Dios toma una dimensión totalmente diferente, esa Palabra actúa poderosamente transformando nuestra vida.

Hermanos acerquémonos a las Sagradas Escrituras, reconociendo en ese sagrado libro a la Palabra de Dios, y en un verdadero acto de fe, permitamos que actúe en nosotros.

"Miguitas de Ternura"

Se puede observar en cada interpretación del cantante Alberto Cortéz, una característica muy particular. Cada frase que interpreta, es la pincelada de un cuadro que podemos visualizar en nuestra imaginación.

En la canción que lleva por título "Miguitas de ternura", nos muestra tres situaciones: primero un niño vagabundo, solo en la calle procurando a pesar de su corta edad el sustento propio y el de su familia. En segundo lugar, una mujer de la vida ofreciendo como mercancía aquello que Dios ha regalado al ser humano para ser usado en pureza. Finalmente se observa un abuelo, que en soledad, ve pasar sus horas en una plaza. La canción dice que en un hipotético dialogo con cualquiera de los tres personajes, ellos nos dirían lo que expresa el estribillo:

"... miguitas de ternura yo necesito,
si te sobra un poquito, dámelo a mí ..."

Pensamos que los tres cuadros son muy acertados. Solo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para ver a cientos de chicos que deambulan en la calle, y que se están formando no en el pupitre de un aula, sino en la dura realidad del asfalto. Mujeres cada vez más jóvenes que por necesidad u obligación, se entregan como prenda a las más bajas pasiones. Ancianos, solos, viviendo una realidad que también a ellos los castiga. No hay dudas que vivimos rodeados de injusticia y de desigualdad, pero lo más doloroso es que la sociedad se ha endurecido de tal manera, que no tiene ni siquiera "miguitas de ternura" para aquellos que sufren en este duro mundo.

Por ello es importante fijar la atención en los mandamientos de Dios (Marcos 12:28-34). El primero de ellos es amarle de una manera integral (corazón, alma, mente, fuerzas). El Señor Jesús lo califica como principal, porque no hay cristianismo sin amor incondicional a Dios. Pero el segundo no es menos importante; el Señor lo describe como semejante al primero, no porque los dos se refieran al amor, sino porque Dios espera que ambos sean cumplidos por igual. La medida de este mandamiento es clara: amar al prójimo como a uno mismo. Es decir que el creyente no debe conformarse con ofrecer "miguitas de ternura", sino por el contrario una expresión de amor genuino e intenso.
¡Qué gran mandamiento de Dios! ¡Qué alta la medida! Pero lamentablemente a veces ¡qué lejos estamos!.

Sería injusto de nuestra parte, ignorar a muchas personas que han dedicado su vida a servir a los demás, tenemos grandes ejemplos en historia pasada y contemporánea. Pero en la vida del creyente, el amor no es una virtud altruista, sino el fruto que produce el Espíritu Santo cuando somos susceptibles a su actividad.

¡Que grande es Dios!, vio nuestra necesidad y para expresar su amor entregó a su hijo Jesucristo; es decir, nos dio lo mejor. Nosotros los creyentes, siguiendo el ejemplo de nuestro Dios, no nos conformemos con las "miguitas", abramos nuestro corazón a nuestro semejante.

PAUTAS PARA LA CONDUCTA DE LA MUJER CRISTIANA

Por Ana María H. de Giannelli

En cierta oportunidad, escuché a una madre decir a su hija (cristianas ambas): - "cuidado con tu conducta porque eres una hija del Rey", frase que me quedó grabada, y más aún ésta: "Sed santos en toda vuestra manera de vivir" (1ª Pedro 1:15). ¡Qué privilegio! por un lado el ser hija del Rey, pero ¡Qué responsabilidad!, porque espera de sus hijas LA SANTIDAD EN TODO.

Dios en su Palabra, nos habla claramente cómo debe ser nuestra conducta como cristianas, así como coronó su creación creando a la mujer, nos pide que seamos santas, "diferentes", ya que Cristo nos dio el lugar de honor y libertad.

El apóstol Pablo en 1ª Cor. 11:7 dice que somos "la gloria del varón", y ninguna escapa a esta gran responsabilidad, desde niñas y jovencitas hasta esposa, madres y abuelas cumpliendo con lo que la Palabra de Dios ordena a cada una. La mujer cristiana debe ser luz en todo momento y lugar, no debe dejar de brillar: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt. 5:16) y siendo "... ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza." (1ª Tim. 4:12) y muchísimos versículos más que hablan por sí solos como todo el libro de los Proverbios que resaltan verdades que una hija de Dios debe cumplir en su diario vivir, demostrando una conducta recta y amorosa hacia su prójimo.

El amor de Cristo en nosotras debe ser demostrado con una conducta reverente, no calumniadora y prudente, que sea percibida como un olor grato para aquellos que nos rodean.

Es fundamental recordar que un carácter cristiano, un corazón amante, generoso y fiel, son el resultado de Cristo habitando en el corazón. Tu conducta es una consecuencia de haber rendido tu vida al Señor. Puede que tu proceder sea correcto aún sin el Señor Jesús como tu Salvador, pero como el joven rico de Marcos 10: 17-22, si no te humillaste y confesaste tus pecados a Cristo en vano es que intentes agradarle, ya que tu buena conducta no nace de un corazón transformado.

Tampoco olvidemos lo que nos enseña Proverbios 20:11,12 que las acciones hablan más que las palabras, tanto es así que la conducta obediente, amante y devota de una mujer puede ganar al marido inconverso para Cristo (1ª Pedro 3:1, 2)

¡Si, debemos vivir a Cristo diariamente! para que brillemos, porque el Señor nos puso como luz y como sal para que lo que se viese en nuestras vidas, crease hambre y sed de Cristo:

· No pongas tu luz en un lugar encubierto, queriendo ocultar que eres de Cristo.
· No la tapes con tus ocupaciones que te harán perder el hábito de tu momento devocional
· No la pongas debajo de la cama con tu pereza, sueño y comodidad.
· Que tu luz refleje la luz de Aquel que brilló perfectamente en este mundo.

J. D Pentecost en su libro "El Sermón del Monte" escribe: "Si tu forma de vida se parece tanto a la forma de vida de los no salvos que no se puedan ver diferencias entre ellos y tú, es imposible ser sal y desoyendo la Palabra de Dios nunca podrás ser luz". ("...Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos" - Jer.15:19 - recomiendo leer desde el vs. 15 hasta el 21).

Presta atención a estos consejos para vivir una vida diferente a los parámetros de este mundo y de acuerdo a los mandamientos divinos:

· Comunión diaria con Cristo: La lectura de su Palabra te guiará en cada paso que debas dar, ella debe ser tu manual de vida, te enseña lo que debes hacer, te reprende en lo que debes dejar de hacer, corrige lo que debes cambiar e instruye en lo que debes comenzar a hacer. La oración constante ,sincera, persistente y eficaz, puede mucho. Debe ser la ocupación más importante de toda cristiana. Tu conducta será otra si eres una mujer de oración.

· Crece en espiritualidad (viviendo una vida llena del Espíritu Santo): Si tienes pecados ocultos, no confesados, estás contristando al Espíritu Santo. Confiesa tu pecado, pide al Señor perdón y limpieza, de tal manera que su Santo Espíritu ocupe más y más tu vida. Recuerda que tenemos un mandamiento:"Sed llenos del Espíritu Santo" (Gálatas 5:18).

· Manifiesta tu amor por Cristo en todo momento: Si Cristo es el dueño de tu vida, tu corazón debe estar lleno de amor, que es lo primero en la lista del fruto del Espíritu Santo. El amor a Cristo comienza con nuestra devoción y obediencia a Él. También debe manifestarse con hechos hacia quienes te rodean, demostrando paciencia, bondad, sencillez, humildad, calma, cortesía y perdón."No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1ª Jn.3:18).

Que puedas apropiarte del versículo, "...ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí", porque el secreto del carácter cristiano es que puedas parecerte más y más a Él que es el modelo perfecto.

sábado, 26 de julio de 2008

¿qué predicamos? ¿Cómo predicamos?

Antes de su ascensión al cielo, el Señor Jesús, dejó un solemne encargo a sus discípulos: “me seréis testigos” (Hechos 1:8). Esta expresión se ha convertido en el motor de la obra evangélica a lo largo de estos dos milenios. Muchos hermanos motivados por el mandato del Señor, dejaron la comodidad y felicidad de sus hogares y se lanzaron a la gran empresa de la obra misionera, llevando el mensaje de amor y reconciliación por Jesucristo.

Desde los primeros cristianos hasta el presente, la iglesia ha desarrollado, con altos y bajos, el rol que el Señor mismo le impusiera en el libro de los Hechos y que Pedro resume claramente en 1ª Ped. 2:9,10: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”.

De ambas porciones podemos deducir que básicamente la predicación del evangelio es testimonio. ¿Quiénes pueden contar las virtudes de Dios, sino solo aquellos que por su gracia no están mas en las tinieblas, y que ahora son su pueblo y disfrutan de su misericordia?. Por eso el anunciar el evangelio es fundamentalmente contar nuestra experiencia personal con Dios. Lógicamente cuando hablamos de testimoniar, pensamos en palabras o en discursos; sin embargo hoy nos damos cuenta que también significa vida y ejemplo. Divorciar una cosa de la otra es caer en el error de los fariseos, es volcarse a la hipocresía y la falsedad.

Probablemente la falta de poder espiritual de la iglesia de hoy, se deba a la escasez de compromiso con el mensaje que predicamos. Por un lado, cada vez hay más cristianos que viven la espiritualidad de una manera superficial, dependiendo mas de la emoción que de la verdadera devoción y obediencia. También están aquellos que han consagrado como doctrina el principio de que “el fin justifica los medios”, manipulando la Escritura, manejándose con parámetros éticos del mundo.

El autor cristiano Richard Baxter en su libro “El pastor reformado” (año 1659) dice que “aquel que siente lo que habla, con certeza actuará conforme habla... es un fatal error de algunos ministros causar tal desproporción entre su predicación y su vida, de aquellos que estudian mucho para predicar con exactitud, pero apenas estudian para vivir con exactitud. Una semana parece demasiado corta para estudiar cómo hablar durante dos horas y, sin embargo, una hora parece demasiado larga para estudiar cómo vivir toda la semana... ¡Oh!, curiosamente he escuchado con cuánto cuidado predican algunos, y cuán descuidadamente los he visto que viven...”

Queremos reafirmar este concepto: No podemos predicar lo que no vivimos, es una incongruencia espiritual afirmar algo que no cumplimos.

Por detrás de este error, se cuelan otros problemas en la predicación de nuestros días. Notamos la proliferación de un mensaje liviano, sin demasiado fundamento y con poca exégesis bíblica. Es en algunos casos una mera repetición de textos de la Escritura, muchas veces no interpretados dentro del contexto y con el propósito mas de emocionar que de enseñar. John MacArthur Jr. en su libro “El ministerio pastoral” señala acertadamente que “la pérdida de su fundamento bíblico es la razon principal de la decadencia de la predicación en la iglesia contemporánea. Y el decaimiento de la predicación es un factor enorme que contribuye a la debilidad y mundanalidad de la iglesia. Si la iglesia ha de recobrar su salud espiritual, la predicación debe volver a su fundamento bíblico apropiado”.

También hoy tenemos una predicación “marketinera”, este neologismo indica una predicación a gusto del consumidor, basado más en lo que le interesa a la gente que en lo que Dios quiere decir. Es cierto que las personas tiene necesidades y que acuden a nuestros templos en busca de algo que la satisfaga, pero no debemos olvidar que lo único que trae alivio al alma es el encontrarse con Dios y con su Palabra, no con razonamientos humanos. San Agustín oraba de esta manera: "Nos hiciste para ti, y el corazón del hombre no descansa hasta encontrar descanso en ti.". El individuo que vive lejos de Dios muchas veces siente una profunda necesidad existencial que sólo puede ser satisfecha llenando ese vacío con Dios mismo. Por eso la persona que se acerca con sus conflictos y dilemas, debe encontrarse con Dios como única manera de encauzar la vida.

También queremos mencionar un error cada vez mas común en nuestras predicaciones. Muchos utilizan el púlpito para dirimir cuestiones personales, generalmente escondidas en supuestas discusiones doctrinales, que solo sirven de pantalla para las verdaderas intenciones.

No olvidemos que quien trae el mensaje de Dios, realiza un ministerio profético (obviamente distinto a los profetas bíblicos). El enviado del Señor (un “keryx” heraldo en griego) trae un mensaje avalado por las Sagradas Escrituras, es el vocero de Dios para la congregación que se sienta a escuchar el sermón; por eso utilizar el espacio de la predicación para controversias particulares, es desvirtuar la función del predicador cristiano. Además sería bueno recordar que esta actividad profética o predicación de la Palabra de Dios, debe encuadrarse en los requisitos que Pablo establece en 1ª Cor. 14:3: “el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación”. Si con nuestro mensaje lo único que provocamos es el malestar y el desánimo de los hermanos, entonces estamos por mal camino.

Es importante establecer una vez mas, qué debemos predicar, es decir el contenido del mensaje que transmitimos. Para eso es bueno volver a las Escrituras, y mirar al primer predicador de la iglesia cristiana. Hace un poco más de dos mil años, un hombre “sin letras y del vulgo”, se paró en medio de una multitud frente al asombro de ellos, y predicó un mensaje que además de conmover a sus contemporáneos, nos deja una clara lección de los ingredientes que un mensaje cristiano debe tener, por eso observemos juntos el mensaje del Apóstol Pedro en Hechos cap. 2 y 3:

· El mensaje debe ser bíblico, basado en las Sagradas Escrituras. (2:16-21; 25-28; 34-35; 3:22-25 )

· El mensaje debe ser cristocéntrico, ya que el Señor Jesús es el tema central de la Biblia. (2:22; 3:18)

· Debemos acercarnos a la Cruz, porque la muerte de Cristo es una verdad fundamental. (2:23; 3:18 )

· No se debe eludir la verdad del pecado y la culpabilidad del hombre. (2:36; 3:14 )

· El poder de Dios manifestado en la resurrección de Jesucristo, también puede ser efectivo en nosotros. (2:24; 3:15 )

· Al finalizar, el llamado nos hace conscientes de que no podemos volver a nuestros hogares como vinimos. (2:38; 3:19 )

Para concluir recordamos el solemne encargo que Pablo hace a su discípulo Timoteo: “Predica la Palabra” (2ª Timoteo 4:1,2). Creemos que frente a esta etapa de la iglesia que nos toca vivir (tiempos de cambios y crisis), el llamado apostólico tiene una renovada aplicación, porque es junto al Señor y su Palabra en donde podemos aferrarnos como una roca firme para no sucumbir, primeramente aquellos que tienen la responsabilidad y el privilegio de transmitir el mensaje de Dios y en segundo lugar las congregaciones en donde nos desenvolvemos. De alli que la responsablidad sea doble, por un lado la importancia del mensaje y por otro los creyentes que nos escuchan.

Pablo lo exhorta a Timoteo: “Predica la Palabra”, ese es el contenido del mensaje, pero agrega: “persiste en hacerlo, sea o no oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar”, esa es la manera de llevarlo a cabo. (2ª Tim. 4:2 NVI)

¡Dios nos bendiga ante tan extraordinaria tarea!

"Cantar, cantar"

La música ocupa un lugar importante en nuestra vida. Tal vez porque desde que nacemos oímos canciones. La melodía susurrante de nuestra madre cuando somos bebes, las canciones infantiles con las que jugamos y aprendemos; luego la adolescencia y sus melodías que encierran las vivencias de una época en nuestra vida, finalmente la edad madura con canciones llenas de reflexiones sobre el presente y el futuro.

Una melodía y una letra acorde con cada etapa que vivimos, graba en nuestra memoria, recuerdos imborrables. Notamos que la música es un gran vehículo para transmitir emociones, puede tranquilizar, o exacerbar los sentidos, puede entristecernos, como así también expresar la alegría del corazón.

La Biblia, desde sus primeras páginas nos habla de los músicos (Gen. 4:21). En algunas historias, ocupan un lugar fundamental. David toca el arpa, y el corazón perturbado de Saúl halla reposo; el pueblo de Israel marcha a la ciudad de Jerusalén y lo hace entonando salmos (Sal. 122). En el Nuevo Testamento hallamos al Señor Jesús cantando un himno en la pascua (Mt. 26:30), y a los apóstoles cantando en una prisión (Hechos 16:25). Sin embargo en algunas ocasiones la música y el canto no fueron para edificación, por ejemplo, cuando Israel adora al becerro de oro (Ex. 32:17,18) o cuando se forma una gran orquesta en Babilonia para adorar una imágen (Dan. 3:3-7).

Siendo la música y el canto algo tan importante en nuestras vidas, nos parece poco inteligente no revisar el tipo de música que escuchamos. No pretendemos aquí hacer un estudio al respecto, sin embargo hay un principio bíblico con el cual podemos comenzar este examen.

Pablo en su primera carta a los corintios, tanto en el cap. 6:12 como en 10:23; deja en claro un gran principio que debe regir toda nuestra vida: "Aquello que puede ser lícito, pero no conviene al crecimiento cristiano, porque no edifica". Ésta es una gran verdad, lo que escuchamos puede ser algo que todos oyen, que se transmite libremente, que está de moda, que nos resulta agradable; sin embargo deberíamos preguntarnos: ¿me edifica como creyente? ¿me acerca a Dios? ¿lleva mi mirada al Señor? ¿está de acuerdo a los principios que leemos en la Biblia?.

Hermanos, pensemos que nuestra mente y corazón son como un recipiente. Por la importancia del tema, debemos prestar mucha atención a aquello que le permitimos la entrada, "porque de lo que abunda en el corazón habla la boca" (Lc. 6:45 NVI).

Bendita tú eres...

Se dice que la personalidad, es lo que hace a un individuo único y particular, es decir, son las características que lo distingue de otras personas. También en la personalidad hallamos cualidades que nos permiten saber de qué manera una persona actuará, y cómo será su reacción cuando se halle en diferentes circunstancias.

Teniendo en cuenta estos principios, es que nos parece oportuno indagar acerca de la personalidad de lo que podríamos llamar "una mujer de Dios".

Contrariamente a lo que es el pensamiento común de las personas, estos calificativos no son privativos de un grupo especial o privilegiado, sino que debe ser la meta de todo creyente, en este caso de nuestras hermanas en Cristo. Ser "una mujer de Dios" no es el privilegio de algunas, debe ser la meta de todas.

También nos gustaría destacar que el ser "una mujer de Dios", implica características tales como devoción, entrega, servicio, testimonio, es decir todo aquello que hace a una vida consagrada al Señor. Ser una mujer de Dios nos habla de una vida superior que se concreta en el andar de todos los días.

En las Sagradas Escrituras tenemos hermosos ejemplos de mujeres de Dios, podemos citar sólo algunas de ellas a modo de ilustración: Sara, Jocabed, Ana, Débora, Rut, Ester, Elisabet, María, Febe, Lidia, Priscila, etc. de todas ellas podemos extraer rasgos positivos de su personalidad que las distingue de las demás.

En esta oportunidad quisiéramos centrar nuestra atención en una joven distinguida o señalada, no por los hombres, sino por Dios mismo: María la madre del Señor Jesús.

En los primeros capítulos del evangelio de Lucas, la hallamos atravesando el período de desposorio, en el cual existía un compromiso sin que se consumara el matrimonio. Ella es una mujer joven y humilde de recursos, sin embargo recibe la más extraordinaria noticia: HABÍA SIDO ELEGIDA POR DIOS PARA QUE EN SU VIENTRE FUESE CONCEBIDO EL SALVADOR DEL MUNDO.

Muchas veces pensamos en los episodios que le tocaron vivir a María junto al Señor: comenzando por la concepción en forma excepcional, luego infancia en Nazaret, el comienzo de su ministerio público, el momento crucial del calvario, y los hechos finales de la vida de Cristo en la tierra, su resurrección y ascensión al cielo. ¿Qué cosas pasarían por la mente y corazón de esta joven muchacha? No lo sabemos; no obstante encontramos tres cualidades en su personalidad, que toda mujer cristiana debe imitar.

En primer lugar, podemos ver al ángel Gabriel realizando una extraordinaria declaración a María: Ella era "muy favorecida" y había "hallado gracia delante de Dios". ¿A qué se quiere refiere cuando expresa estas palabras? Sin lugar a dudas Dios se agradaba de la vida de esta joven israelita. Este es un maravilloso sello de aprobación divina, que también tuvieron otros siervos de la antigüedad como Noé, Moisés o David; es una señal, no tanto por lo que María iba a hacer, sino por la fidelidad y la devoción que ya observaba en su andar diario.

También podemos notar, que si bien todo lo que estaba sucediendo producía una lógica confusión en María, cuando Gabriel concluye con su mensaje, se oye una formidable declaración de subordinación y obediencia a Dios. Bien dijo el ángel "nada hay imposible para Dios". Él puede realizar su obra con nosotros o a pesar de nosotros (probablemente muchas veces pasa lo segundo), esta realidad no intimida a María, se observa que tiene una excelente disposición para que se cumpla en ella el plan de Dios. Es importante destacar una vez más que la situación que María iba a enfrentar no sería fácil (en el período del desposorio no podía quedar encinta) no obstante ello estaba dispuesta a obedecer. La obediencia para el cristiano, es una virtud que no debemos ignorar. Dios exige la obediencia de su pueblo (Deut. 10:12 / 1ª Sam. 15:22), y a lo que sabemos del tema podemos agregar que como en el caso de María, los mandamientos y propósitos divinos, no se discuten o excusan, se cumplen.

Se dice que una particularidad de los hombres es el carácter impulsivo, mientras que en el caso de las mujeres es su capacidad de reflexión y análisis, tal vez por eso no sea extraño que María luego de la visita de los pastores en el establo en Belén "atesoraba todas las cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón" (Lc. 2:19 BLA). Esta hermosa capacidad femenina, debería ser una práctica de todos los creyentes, el meditar o analizar profundamente en la presencia del Señor, su Palabra y aquellas cosas que nos acontecen, dejan siempre lecciones beneficiosas para nuestra vida. El salmista exclama "¡Oh cuánto amo yo tu Ley!, todo el día es ella mi meditación" (Salmo 119:97) revelando una aspecto importante de la meditación bíblica, el amor por la Palabra de Dios. Quién considera las Escrituras y pone su vida en las manos de Dios alcanza un alto grado de sensibilidad espiritual tal como la virgen María. Sensibilidad que le permite a uno tener el oído afinado para escuchar el consejo divino, los ojos abiertos para observar correctamente el camino a seguir y las manos firmes para mantener el rumbo establecido por Dios.

¿Cómo es una mujer de Dios?. Siguiendo la idea del apóstol Pedro, es aquella mujer que exhibe la verdadera belleza, "la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios" (1ª Ped.3:4 NVI). No conocemos el aspecto exterior de María, pero al leer los evangelios nos damos cuenta que ella era una mujer verdaderamente bella, porque en el ornato de su corazón brillaba la fidelidad, la obediencia y la sensibilidad espiritual, características propias de una mujer de Dios.